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A fin la tierra, como su lagrimal, cedió para liberar de un chasquido su angustia. Cogió el pedazo anhelado, guardo el rencor y el brillo en su recuerdo, y andó hacia el norte. Entre sus gestos rompía una sonrisa cada vez que, inutilmente, apretaba su abrigo al cuerpo. No paraba de llover. |
| 21:11:13 11/02/2002 De: Aureliano Pérez Garzón |
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