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...de repente, la niebla le envolvió en un vertiginoso torbellino, dejó de sentir la lluvia, el reloj se deslizó hasta caer, no puso impedimento a dejarse abrazar por esa sensación, le aterrorizaba, pero también le seducía, notó como si unas finas agujas de hielo le taladraran todos los poros de su piel. De su garganta brotó un fuerte grito que parecía arrancarle el ser, pero percibió un sonido camuflado en su alarido que le decía: "por Dios, vuelve a mi, despierta!, no me dejes así, vuelve!" |
| 20:17:07 12/02/2002 De: Pepe Atencia López |
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